La propuesta CASAS SIN HOGAR surgió como resultado de un recorrido de la fotógrafa por diferentes y extensos escenarios naturales donde encontró un elemento en común que surgía en cada panorama que visitaba: casas que en el medio del paisaje están solas, abandonadas, únicamente acogidas por algún tipo de vegetación.
Esas casas singulares y sin parámetros llamaron su atención por tratarse de estructuras que con el paso del tiempo perdieron la memoria de lo que pasó adentro de sus muros, pero que finalmente tenían algo en común: la ausencia de un hogar.
Manuela no busca ser intrusiva con el interior de lo que queda de las casas ni tampoco interferir con el proceso autónomo de su desolación, por el contrario, lo que la fotografía logra es la interacción momentánea que desde el exterior une el tiempo observador e intuitivo del lente con el hallazgo de un lugar que una vez supo ser un refugio.
La belleza de estas fotografías es singular, pues no obstante el mismo escenario sigue existiendo, la impresión nunca será repetible porque segundo a segundo la naturaleza (en cualquiera de sus manifestaciones) persistirá en el deterioro y así mismo, con el paso del tiempo, la observación de la autora es susceptible de variaciones según su propia intención emocional y artística.